ANSIEDAD ANTE LOS EXÁMENES

Todas las personas sentimos alguna ansiedad al enfrentarnos a situaciones en las que nos jugamos algo importante. Es normal, y hasta bueno, pues nos activa física y mentalmente preparándonos para la acción. El problema surge cuando la ansiedad aparece de forma excesiva y continua, descontrolando nuestros pensamientos y nuestra conducta e impidiéndonos alcanzar los objetivos que nos hemos propuesto.

Los exámenes son pruebas en las que como estudiante tienes que demostrar tu nivel de conocimientos y tu repertorio de habilidades en determinadas materias. Los que experimentan una alta ansiedad a ser evaluados sufren una merma importante en su ejecución. Si esta circunstancia se repite con cierta frecuencia, aparecen entonces sentimientos de desánimo, de desconcierto, que pueden conducir a los estudiantes que los sufren a dejar de presentarse a los exámenes, e incluso al abandono progresivo de los estudios.

El problema principal aparece cuando se entra en el círculo vicioso del miedo: miedo a sentir esa ansiedad que te paraliza, anula tu capacidad de actuar y de pensar de forma adecuada, y que se puede manifestar a través de una serie de síntomas a diferentes niveles, como son:

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A nivel físico, alteraciones del sueño, en la alimentación, dolores de estómago, dolores de cabeza, sensación de paralización, náuseas, taquicardias, opresión en el pecho...
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A nivel de la conducta, debido al malestar que experimenta, el estudiante puede escapar con comportamientos como pasarse horas y horas viendo la televisión, durmiendo o simplemente dejando pasar el tiempo delante de los libros. En ocasiones, puede refugiarse en el alcohol o el consumo de marihuana (le sirve para evadirse de la realidad y tranquilizarse).
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Por último, a nivel del pensamiento, casi todo lo que piensa es de carácter negativo. Por una parte, se infravalora ("soy incapaz", "no sirvo para esto"...) y, por otra, anticipa las consecuencias negativas del suspenso ("van a pensar...", "qué dirán mis padres", "no voy a poder acabar mis estudios"...).

En definitiva, en la situación del examen, el estudiante imagina y experimenta todo lo peor, y esto puede ocurrirle tanto a alumnos brillantes (más bien perfeccionistas y en un ambiente en que sienten que son valorados por sus resultados y no por sus cualidades personales), como a alumnos con un rendimiento más desigual. Y las consecuencias son, como hemos señalado, una merma importante en el rendimiento, aunque no necesariamente el suspenso, y una creciente apatía y desmotivación.

Para afrontar este tipo de situaciones de ansiedad, es importante realizar un trabajo previo, anterior al examen, adquiriendo unos buenos hábitos y técnicas de estudio y de planificación del tiempo, y preparándose mentalmente para romper el círculo vicioso de la angustia. Respecto a este último aspecto, te proponemos:

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Practica alguna técnica de relajación, prestando especial atención a la respiración, para que sea cada vez más pausada y profunda.
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Detecta cuáles son los pensamientos que te producen ansiedad y haz con ellos una lista.
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Observa cuáles de estos pensamientos no son operativos, porque no son reales, o bien porque no facilitan la consecución de tus objetivos (estudiar y aprobar); porque no te hacen sentir tranquilo y seguro, o simplemente te restan energía para estudiar.
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El siguiente paso es cuestionar estos pensamientos (¿son exagerados?, ¿generalizas demasiado?, ¿realmente es cierto?).
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Por último, crea o sustitúyelos por otros más concretos, positivos y reales: "me voy a dar una oportunidad", "no puedo adivinar el futuro", "la perfección no es posible, lo adecuado sí", "voy a estudiar lo que me dé tiempo", "si suspendo, podré soportarlo aunque no me guste".

Repetir estos pasos de forma activa con cierta frecuencia ayuda a superar la ansiedad. Pero, en todo caso, no te comas tú solo la angustia, coméntalo con tus padres, con tus profesores, y si ves que no puedes superarla solo pide ayuda a un especialista, para eso estamos.

Pedro J. de Haro
Psicólogo y psicoterapeuta
Director de Psicomed

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